INTERES GENERAL
EL VIAJE DE UNA GENERACIÓN SUIGUIENDO LA MISA REDONDA
Desde aquella noche de en Piet hasta el último encuentro en Olavarría, fueron décadas de canciones, viajes y recuerdos. Una historia personal, también de miles de argentinos que encontraron en Los Redondos una banda sonora para sus vidas.
La primera vez que vi a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota fue, viernes 24 de marzo de 1989 en Piet Discotheque (Diagonal Pueyrredon y Rivadavia).
Por entonces, Los Redondos todavía no eran el fenómeno multitudinario que marcaría a fuego la historia del rock argentino durante la década del 90 eran una banda de culto, con una convocatoria creciente y una mística que ya comenzaba a distinguirlos del resto.
Con el paso de los años llegaron los recitales en Go, Constitución al 5700 el 12, 13 y 14 de agosto de 1994 y regresaron el 7, 8 y 9 de junio de 1996. El 26 y 27 de 1996 en el Polideportivo Islas Malvinas cada presentación sumaba más público, más seguidores y más leyenda.
Pero hubo una fecha que quedó grabada para siempre en la memoria de los ricoteros marplatenses, el 19 y 20 de junio de 1999 en el Patinódromo.Aquella tarde, el Patinódromo fue escenario de una verdadera multitud. Miles de personas llegaron desde distintos puntos del país para vivir una nueva misa redonda.

La convocatoria fue tan masiva que marcó un antes y un después. Allí, la violencia fue la protagonista. Tras los incidentes Los Redondos nunca volvieron a tocar en Mar del Plata. La ciudad había sido testigo de una de las últimas grandes celebraciones de una banda que ya se había convertido en un fenómeno social y cultural sin precedentes.
Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se separaron oficialmente en noviembre de 2001. Aunque inicialmente se anunció como un "impasse" indefinido debido a la crisis socioeconómica y la violencia crónica en los recitales, las diferencias artísticas internas terminaron convirtiéndolo en una disolución definitiva.
Tras la separación del grupo, la historia continuó. Como tantos otros seguidores, seguí acompañando el camino solista del Indio Solari. Mi primer recital en esta nueva etapa fue el 3 de noviembre de 2010, en Tandil. Allí volvió a aparecer esa sensación única que sólo generaban sus shows: una mezcla de ritual, pertenencia y emoción compartida entre cientos de miles de personas.
El último recital que presencié fue el 11 de marzo de 2017 en el predio rural La Colmena, en Olavarría. Aquella jornada quedó registrada como uno de los acontecimientos más impactantes de la historia del rock argentino.

La convocatoria, estimada entre 350.000 y 500.000 personas, convirtió al evento en el recital más multitudinario que haya tenido el género en el país. Una demostración contundente del poder de convocatoria que el Indio mantenía intacto décadas después de los primeros tiempos de Los Redondos.
Lamentablemente, el resultado de una combinación de diferencias creativas, tensiones internas entre el Indio Solari y Skay Beilinson impidieron que la banda volviera a reunirse. Fue una deuda pendiente para millones de seguidores que soñaron durante años con volver a verlos juntos sobre un escenario.
Sin embargo, más allá de las separaciones, las discusiones y el paso del tiempo, el legado quedó intacto. Los Redondos marcaron a varias generaciones y construyeron una identidad única dentro del rock argentino. El Indio, ya como solista, logró sostener esa convocatoria extraordinaria y una conexión irrepetible con su público.
Para quienes estuvimos allí desde aquellos recitales en pequeños escenarios hasta las concentraciones multitudinarias de los últimos años, la historia de Los Redondos fue mucho más que una sucesión de conciertos. Fue una forma de vivir la música, de encontrarse con otros y de sentirse parte de algo que trascendió a una simple banda de rock.

DANIEL NIRO


















